TEMA: El respeto a los mayores en edad, dignidad y gobierno |
"Dios ha hecho a los padres más respetables que a los hijos, y ha afirmado la autoridad de la madre sobre su prole" (Libro del Eclesiástico) |
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| Hoy se ha puesto de moda el "diálogo", llegándose a cotas de absurdo, poniendo en la misma mesa asesinos y víctimas, agresores y agredidos, defraudadores y defraudados; y no para que unos reconozcan sus yerros y los otros ejerzan el perdón, sino para hacer una mezcolanza infame en la que sea difícil, o imposible reconocer la culpa (el pecado, decimos los cristianos), y hacer tabla rasa con todo, donde se elimine el concepto mismo de bien y mal y dando una vuelta de tuerca, si fuera posible, al pecado de Adán, en que quisieron conocer del árbol del bien y del mal. Ya no es ni necesario; el mal no existe, y así tampoco los malvados. Decimos ésto por la consecuencia que de ello se deriva y que está de rabiosa moda y actualidad: "vamos a dialogar". Por supuesto que el diálogo es algo de gran valor y que como cristianos debemos practicar en todo momento; pero de ahí a ponerlo de condición, por poner un ejemplo, para obedecer el mandato de mi padre de que vaya a trabajar para ganarme el jornal (a mi escuela, a mi trabajo, a mi habitación, en la cocina, ayudando a mi madre, mi hermana, hermano...) hay una gran distancia, por no decir un abismo. Por supuesto que en el capítulo de lo negociable y dialogable entrarán muchos conceptos, pero el principio que debe regir antes de entrar en ese diálogo es que acepto lo que se me dice porque viene de aquel que tiene autoridad para hacerlo (decirme lo que he de hacer) y no porque yo, graciosamente, decido qué o qué no obedezco, dependiendo de mis apetencias y si el diálogo que he reclamado se ajusta a mis intereses. Por poner un ejemplo válido y reconocible por todos los creyentes: A Dios se le obedece no porque nos interese o nos agrade lo que nos manda, sino porque su palabra es la que rige mi vida y yo sólo soy su criatura y servidor, aunque con el rango de hijo. Valga todo ésto para la relación con cualquier autoridad legítimamente constituída, pues sabemos que ésta viene de Dios, como Jesús mismo afirmó ante Pilatos, que podía, con ella, incluso quitarle la vida, como hizo, finalmente. Hasta a los esclavos se les dice que obedezcan a sus amos como si fuera el Señor mismo (y añadimos nosotros: hasta que la esclavitud fuese definitivamente abolida, lo que es algo absolutamente irrenunciable para un cristiano). Así pues, seamos dignos servidores de Dios, sirviéndole de buen grado, como a Él mismo, en todos los que Él ha constituído en autoridad sobre nosotros, especialmente en los primeros que Él puso a nuestro lado: nuestros padres. "La obediencia es la virtud más agradable a Dios" |
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