Carta abierta de San Francisco de Asís
  "Queridos amigos y habitantes de la Tierra: Habláis hoy mucho de derechos del hombre, y es justo.
   El primer derecho del hombre es que no sea violentado por nadie, que le dejen en paz.
   El tema es de una amplitud bíblica y debéis vivirlo hasta el fondo.
   Este derecho afecta ante todo a la naturaleza, los cielos, los mares, las minas, los bosques, el aire,   el agua, la casa, los pueblos, la ciudad.
   Son las primeras cosas que no se deben violentar, y, por desgracia, es un pecado que habéis cometido durante mucho tiempo y no se si lograréis salvaros.
Habéis violentado los bosques, ensuciado los mares, y saqueado todo, como si fuerais bandidos.
   No hay límites para vuestra prepotencia sobre la naturaleza.
  
Si hubiera un tribunal del cielo, del mar y de las minas, serías todos o casi todos condenados a muerte.
   Pero tal vez exista ese tribunal, aunque invisible; en efecto, ya empezáis a pagar.
   El aire se vuelve irrespirable, la comida se pone mala, el cáncer os ataca con precisión.
   Ahora que habéis destruido casi todo, me habéis nombrado el santo de la defensa ecológica; pero es un poco tarde, debéis admitirlo.
    
Habéis llegado a una situación insostenible y no tenéis razón para quejaros, es fruto de vuestra inconsciencia.
  
Seguís fabricando millones de productos que consumen las materias primas, y habéis despreciado el campo y expoliado a los campesinos. Habéis casi arruinado la fuente donde está la verdadera riqueza material del mundo.
  
Fabricáis licenciados que permanecerán ocupados, aburridos y desesperanzados en la ciudad y no tratáis de formar a jóvenes que amen el trabajo constructivo, sencillo, artesanal, agrícola y que, en vez del dinero amen el trabajo bien hecho o un pedazo de pan hecho con el esfuerzo de un hornero.
  
   La certidumbre de que estáis fuera del camino la tenéis en vuestra tristeza.
   Ésta habla del tamaño de vuestros errores: Estáis terriblemente tristes, a pesar de todo lo que tenéis.
   La alegría está lejos de vuestras casas impecables, demasiado bien construidas, pero ahítas de espíritu, vacías de humanidad y de humor.
  
El capitalismo, el liberalismo, han hecho del dinero la palanca de su obrar, y muere entre desastres y vergüenzas.
  
   El marxismo y el comunismo prometían un camino diferente, pero no hizo más que ahondar la tragedia. Han violentado al hombre y han construido sistemas opresores y enormemente grises y tenebrosos.
  
    Al menos deberíais admitir que os habéis equivocado y que os habéis dejado prostituir y habéis abandonado la verdad y  manchado vuestros corazones por un puñado de dólares.
    Es inútil lamentarse por los errores cometidos. Es más útil dirigir la mirada el futuro, y buscar la conversión de los hombres. Pero no es fácil. Los corazones se han endurecido ya mucho.
  
   Todavía podéis hacer algo: probad a poner en el gobierno a los pequeños, a los sencillos, a los poetas; a aquellos que todavía son capaces de extasiarse contemplando las estrellas. Éstos verían mejor los problemas de los hombres.
  
   Os voy a dar algunas pistas que os podrían ser de utilidad, aunque no os prometo que fueran la solución de todos los problemas: Si un chico vende su moto para comprar una bicicleta, dadle un premio. Si un industrial se va al campo a criar ganado en libertad y sembrar hierbas aromáticas, nombradle Caballero. Si alguien cambia su apartamento en la playa por una cabaña en la montaña, dadle una mención honorífica. Si una va a comprar con su capazo y rehúsa las bolsas de plástico, dadle una medalla. También deberíais multar al que aplastase una flor y avergonzar públicamente al que tirase basura en el campo.
  
   Es la hora de empezar a hacer algo, es posible que, como en Nínive, los hombres aún se conviertan y os salvéis, pero no lo dejéis para más adelante, es posible que ya no tuvieráis tiempo.
    Os deseo que finalmente reflexionéis y os convirtáis en buenos amigos de la Creación y de su autor.


  Francisco

(Extractado y adaptado del libro "Yo, Francisco". Carlo Carretto. Ed. San Pablo)
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